| LAS FILIPINAS | 8 DE FEBRERO DE 2026 |

Liderando el Llamado a la Reforma en Filipinas

Ojie Solitario demuestra cómo una persona puede restaurar la dignidad, inspirar la redención y reescribir la historia de miles de reclusos en las infamemente superpobladas prisiones de Filipinas.
El jefe de la Sección Moral y Espiritual de la Prisión y Centro Penitenciario Agrícola de Davao, Ojie Solitario, imparte un seminario sobre El Camino a la Felicidad a los reclusos.

Filipinas ocupa el cuarto lugar en el mundo en cuanto a cárceles superpobladas. Casi uno de cada tres reclusos liberados regresa pronto, atrapado en un ciclo implacable de reincidencia que expone un sistema sin respuestas para la reforma.

“El problema que tenemos, en primer lugar, es la reincidencia”, dice Ojie Solitario, jefe de la Sección Moral y Espiritual de la Prisión y Centro Penitenciario Agrícola de Davao, en el sur del país. “Después de cumplir su condena, los liberan, solo para terminar de nuevo en prisión. Si a nadie le importa detenerlo, nuestras prisiones seguirán estando superpobladas”.

Buscando un programa que pudiera llegar a todos los reclusos sin importar su fe, Solitario se encontró con El Camino a la Felicidad, un código moral no religioso. “Necesitaba un programa que no fuera religioso, uno en el que todos pudieran participar”, explica, señalando la diversidad de religiones entre los prisioneros.

Usando el Paquete para Educadores de El Camino a la Felicidad diseñado para instalaciones correccionales, Solitario desarrolló un programa de reforma basado en 21 preceptos para una vida mejor de El Camino a la Felicidad. El Subdirector lo aprobó, llamándolo “un librito que satisface universalmente a la humanidad”.

Solitario lanzó el programa en toda la prisión. En el Campo de Seguridad Mínima, los reclusos que se preparaban para ser liberados estudiaron “Sé Digno de Confianza”. En el Campo de Seguridad Media, las debate se centraron en resistir la adicción y comprender las consecuencias del consumo de drogas. En el Campo de Seguridad Máxima, el precepto “Respeta las Creencias Religiosas de los Demás” ayudó a disipar la tensión interreligiosa. Incluso los criminales más endurecidos participaron, representando obras que demostraban los preceptos.

Solitario ha educado a más de 3800 reclusos con El Camino a la Felicidad. El impacto es evidente. Los prisioneros hablaron de redescubrir el respeto por sí mismos, de darse cuenta de que podían sentirse bien, hacer el bien y ser buenos incluso tras las rejas. Otros solicitaron libritos para compartir con la familia durante las visitas, difundiendo esperanza más allá de los muros de la prisión. La creencia de Solitario de que el verdadero cambio debe empezar antes de que ocurra el delito ha motivado sus acciones. “Enseñamos a los jóvenes a no cometer delitos en primer lugar”, dice. “Y a los que ya están dentro, los educamos para que cuando vuelvan a la sociedad, no vuelvan a delinquir. Al hacerlo ayudamos tanto a los de fuera como a los de dentro”.

Como resultado de aplicar El Camino a la Felicidad, los directores de prisiones informaron de una reducción de dos tercios en la violencia de los reclusos. De los 358 graduados que han completado el programa hasta ahora, más del 99 por ciento no ha cometido ninguna infracción adicional.

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Durante 45 años, El Camino a la Felicidad ha inspirado a personas de todo el mundo a construir un mundo más honesto y confiable. Desde 1981, se han distribuido más de 140 millones de libritos en más de 100 idiomas, restaurando la decencia y la compasión donde se necesitaba.

A través de los continentes, la gente usa El Camino a la Felicidad para elevar los vecindarios y traer calma donde existe conflicto. En Colombia, un ex Ministro del Interior dijo: “Este pequeño libro es un milagro moral y ético […]. No es un mensaje religioso ni político, sino de uno universal”.

Sus palabras reflejan lo que millones han descubierto: el cambio empieza cuando una persona comparte este código moral de sentido común con otra.

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La Fundación Internacional del Camino a la Felicidad trabaja para revertir la decadencia moral de la sociedad restableciendo la confianza y la honestidad, por medio de una amplia distribución de los 21 preceptos. Las donaciones apoyan la producción y distribución del librito El Camino a la Felicidad.